La fantasía, el terror, la Serie B y los desvaríos inclasificables en el cine de Oriente Próximo y el Sureste Asiático han quedado postergados a la idea generalizada que de ellos tenía Pete Tombs en su “Mondo Mocabro”. Si hablamos de locurones turcos, iraníes, egipcios o hindúes que no temen al ridículo o la falta de presupuesto, pensamos en memeces, en petardeo, caspita y tal, y, por qué no, en alguna que otra joya del surrealismo sangriento y sobrenatural como Leák (probablemente el más digerible y guayífero de todos ellos después de su apogeo a mediados de los 80), no en lecciones de cine o propuestas más interesantes de lo habitual porque, además de ser inteligentes, son originales, y menos si vienen a intentar exprimirle el jugo a frutos ya muy maduros o siempre en peligroso periodo de desecación como son el slasher o el survival con adolescentes, hormonando y desangrándose en frondosos bosques, encima.
A la peña como que le daría igual, ¿no?, escudada en el “más de lo mismo” y el desinterés de países cuyo cine y cultura casi nunca cruzan la frontera. Pues ahí te va esta Kalevet (Rabies en EE.UU.) directa desde Israel, con su chavalada fresquita, tacto, estilo, finura y garrulismo bruto para a ver si dejas de llenarte la boca de mierda tras tu huida de las multisalas anhelando un escalofrió digno, nuevo, enervante y violento que te cagas.
Y aunque Kalevet no suponga la panacea definitiva ni revolucione nada por derecho propio, es lo suficientemente ingeniosa (siendo extremadamente sencilla) y de puta madre como para servir de ejemplo de lo que digo. Entre sus muchas virtudes, la argumental es quizá la más explosiva, con los arquetipos del subgénero invertidos. No nos topábamos con una vuelta de tuerca del slasher adolescente y campista tan original desde la mucho más irónica y festiva Tucker & Dale vs Evil, ni, últimamente, con un terror filmado casi todo a la luz del día que fuese tan dramático, corrosivo e incluso irónico a la vez. Modela el clásico axioma moral del primer Wes Craven sin necesidad de que el psicópata haga apenas acto de presencia ni se cepille a nadie. Ahí es nada.
Sorprende y hasta fascina que un país como Israel, con lo justo y una premisa de terror de mierda, ridiculice de calle lo poco que se designa en materia de slashers y survivals en EE.UU. y ya hasta en Europa, tan confiados a machacar esquemas manidos y joder la marrana con remakes de cara a la galería. Duro, Israel.




