sergio colmenar

Kalevet (Aharon Keshales, Navot Papushado; 2010)

In Cine, Drama, Gore, Terror on 2012/04/03 at 16:25

La fantasía, el terror, la Serie B y los desvaríos inclasificables en el cine de Oriente Próximo y el Sureste Asiático han quedado postergados a la idea generalizada que de ellos tenía Pete Tombs en su “Mondo Mocabro”. Si hablamos de locurones turcos, iraníes, egipcios o hindúes que no temen al ridículo o la falta de presupuesto, pensamos en memeces, en petardeo, caspita y tal, y, por qué no, en alguna que otra joya del surrealismo sangriento y sobrenatural como Leák (probablemente el más digerible y guayífero de todos ellos después de su apogeo a mediados de los 80), no en lecciones de cine o propuestas más interesantes de lo habitual porque, además de ser inteligentes, son originales, y menos si vienen a intentar exprimirle el jugo a frutos ya muy maduros o siempre en peligroso periodo de desecación como son el slasher o el survival con adolescentes, hormonando y desangrándose en frondosos bosques, encima.

A la peña como que le daría igual, ¿no?, escudada en el “más de lo mismo” y el desinterés de países cuyo cine y cultura casi nunca cruzan la frontera. Pues ahí te va esta Kalevet (Rabies en EE.UU.) directa desde Israel, con su chavalada fresquita, tacto, estilo, finura y garrulismo bruto para a ver si dejas de llenarte la boca de mierda tras tu huida de las multisalas anhelando un escalofrió digno, nuevo, enervante y violento que te cagas.

Y aunque Kalevet no suponga la panacea definitiva ni revolucione nada por derecho propio, es lo suficientemente ingeniosa (siendo extremadamente sencilla) y de puta madre como para servir de ejemplo de lo que digo. Entre sus muchas virtudes, la argumental es quizá la más explosiva, con los arquetipos del subgénero invertidos. No nos topábamos con una vuelta de tuerca del slasher adolescente y campista tan original desde la mucho más irónica y festiva Tucker & Dale vs Evil, ni, últimamente, con un terror filmado casi todo a la luz del día que fuese tan dramático, corrosivo e incluso irónico a la vez. Modela el clásico axioma moral del primer Wes Craven sin necesidad de que el psicópata haga apenas acto de presencia ni se cepille a nadie. Ahí es nada.

Sorprende y hasta fascina que un país como Israel, con lo justo y una premisa de terror de mierda, ridiculice de calle lo poco que se designa en materia de slashers y survivals en EE.UU. y ya hasta en Europa, tan confiados a machacar esquemas manidos y joder la marrana con remakes de cara a la galería. Duro, Israel.

Share on Facebook

Like this on Facebook

My Son, My Son, What Have Ye Done (Werner Herzog, 2009); Take Shelter (Jeff Nichols, 2011)

In Cine, Comedia, Drama, Fantástico, Thriller, y ni puta idea on 2012/02/14 at 18:07

Pongamos por caso que Werner Herzog no es ese director majara que no se espanta cuando, en las entrevistas, lo tirotean con un rifle de aire comprimido; que no le hace ascos a comerse una alpargata en una apuesta; que no teme ridiculizar un clásico de culto (con su muy resultón remake de Bad Lieutenant, en el que se burlaba de la beatería de Ferrara sustituyendo símbolos religiosos metidos con calzador por absurdos grandes angulares de iguanas) y esas otras cosas rarunas que caracterizan a este señor y paso de enumerar porque supongo que son muchas e ignoro la mayoría. Ahora, ¿cómo se come uno esta My Son, My Son, What Have Ye Done, que sólo con el título ya da risa? Probablemente de ninguna manera, la historia de un tío que viaja a Perú y se le va la pinza después de visitar la Machu Picchu, afectando gravemente ello a su papel en una obra de teatro griega que representa en su ciudad, San Diego, únicamente plantea un thriller de cuchufleta que niega lo convencional porque Herzog se empeña en mover a sus personajes como si fuesen de otro planeta mientras una patosa steadicam los sigue a todas partes, aparecen flamencos rosas como rehenes y el matricidio indica el principio de un total absurdo. Pero viniendo de Herzog tiene su sentido, mucho más si estamos hablando de una peli de Herzog que ha ido a fijarse en David Lynch, no en vano, uno de los productores de la bufonada.

Por lo tanto, que algún tontolabas se tome en serio los ridículos y nimios propósitos de la trama en sí es el mayor logro para una peli que se te está descojonando en la cara mientras ese otro que tal, el crítico serio, se estruja la sesera intentando establecer una conexión significativa y profunda entre tragedia griega clásica, Antonioni y ella, ignorando, tal vez, que lo de Herzog es, casi siempre, hacer comedias grotescas que parecen estar narradas con la punta de la polla pero que talento en lo suyo no les falta, y más si cuentan, insisto, con el apoyo de Lynch y parte de los actores fetiche de éste figuran en ellas (y hablando de actores marcianos, atención aquí al simpatiquísimo choque entre Udo Kier y Brad Dourif con Michael Shannon de por medio).

Y, bien visto, cómico también es el encasillamiento de Michael Shannon en su ya habitual rol de zumbado desde que partiera la pana en este tipo de registros con la brutal Bug de Friedkin, en parte por resultar una parodia de sí mismo en My Son, My Son… y en parte por desmitificarse a lo bestia en la mucho más interesante Take Shelter, donde damos por hecho al zumbado desde el principio, atendiendo al resquebrajamiento mental, familiar y social de un tío que parecía muy normal pero… nada, nada, mejor dejarlo a él en esta peli en eso de que se desmitifica, que es la gracia.

A Jeff Nichols, el director de Take Shelter, quien ya pensó en Shannon para un rol fuera de los albores habituales de éste en la curiosa y también muy suya Shotgun Stories, le va ese rollo de hacer lo que le pase por los cojones, pero con mucha calma y siendo la hostia de sutil, es decir, casi aburriendo al principio, siempre de menos, pero casi nada, a más y lo inesperado, lo cual es ya todo un mérito actualmente. Un moroso el Nichols, un tío clasicote, sobre todo en Shotgun Stories, donde se limitaba a marear a un montón de personajes dolidos por la pérdida de uno de ellos, dando apenas importancia a lo que parecía ser el motor de todo, la venganza, para fijarse en lo exponencial de un drama familiar sin resultar demasiado coñazo o pretencioso, haciéndolo, además de bien, diferente, vamos.

Pero Take Shelter sí manda huevos: lo que aparenta un Allan Ball sin su cabrona ironía, o sea, una chusta, con la historia de un pobre chalao paranoide con antecedentes de lo suyo en su familia y los problemas que acarrea en todos los que le rodean y le quieren, es un guantazo al creyente en un cine independiente sin chicha, ése al que sólo le es necesaria una gilipollez de excusa dramática con ambientes mataos, mejores amigos, esposas e hijos para soltar memeces sobre minimalismo, familias disfuncionales y culebrón en general; un guantazo quizá algo tramposo, pero inteligente, bien medido, que le gira la cara a aquél con una chula conclusión que rezuma amor al fantástico y a las historias postapocalipticas a lo “The Twilight Zone” y lo clava con un particularísimo pesimismo.

Share on Facebook

Like this on Facebook

Life’s Too Short (Ricky Gervais, Stephen Merchant y Warwick Davis, 2011) -Serie de TV-

In Comedia, Mockumentary, TV on 2012/01/31 at 20:23

Sencillamente, David Brent, de la original The Office, reencarnado en el gigante (ejem) Warwick Davis. El genial personaje de Ricky Gervais y Stephen Merchant encuentra en su nuevo sustituto un reto auténtico, dejar de ser un pobre patán con delirios de grandeza a cargo de una pequeña compañía papelera para convertirse en el prota de Willow y la saga de Leprechaun y pillar, otra vez, el formato del mockumentary tan de moda y reventarlo aún con más ruido, ingenio y mala idea, pues ahora el humor de Gervais y Merchant (al que ahora se le une el de Davis, al parecer, otro genial humorista), siempre grotesco, incómodo y ofensivo (al menos en la BBC), se ceba contra la acondroplasia para horror de esos defensores de ésta que no se explican por qué los prejuicios pueden tomarse a risa y dan para chistes tan buenos y tan cabrones a la vez. Gervais, Merchant y Davis, como no tantos otros que algunos desearíamos, lo tienen claro, o nos reímos de todo o no nos reímos de nada.

Así, el enanismo, y a través de la (muy fingida, pienso) egocéntrica mirada del, sí, enano, que directamente aún no lo había dicho, Warwick Davis, vuelve aquí a ser un chiste que celebra la simbología y el hecho literal de la bufonada, el duendecillo mágico, el circo y la más hiriente ironía o desprecio directo volcados en las personas bajitas, para lo que muchos será un expolio fácil y provocativo, cuando se trata, además de, simple y brutalmente, humor en crudo, de una agudísima terapia para el enano que repara que reírse de sí mismo es el mejor antídoto contra la hostilidad y el prejuicio, aunque no sirva, porque para empezar no lo pretende ni creo que se pueda lograr tal cosa con una serie de TV de humor o la raza humana todavía existiendo, para revocar la estigmatización al considerado diferente o incapaz.

Life’s Too Sort es ya, con su primera temporada, una puta obra maestra que hasta se chotea de sí misma como creación colaborativa del marciano trío (diría yo que las negociaciones entre Gervais, Merchant y Davis para llevar a buen puerto la serie quedan aquí, en la ficción, ligeramente caricaturizadas).  No me había reído tanto con una serie de TV desde, joder, la original The Office.

Share on Facebook

Like this on Facebook

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.