sergio colmenar

Archivos de la categoría ‘QUE OS JODAN’

Inquisición 2.0 (vamos a mojarnos de verdad)

In Ciencia-Ficción, Comedia, Drama, Ficción, Me Cago en Dios, Porno, QUE OS JODAN, Terror on 2011/03/13 at 11:57

Momento (que aquí podría ser considerado puro "porno infantil") de "The Acid House" (Paul McGuigan, 1999), la descojonante comedia de sketches escrita por el autor de "Trainspotting".

Si bien resulta evidente que el sistema procesal español lo dicta un mono, uno no puede evitar ya, ante esta incontinente ira censora que azota películas de terror y festivales de cine en España, cansado de esta eterna y previsible comedia de mentalidad imbécil, caduca y chunga, de obvios pros y aberrantes contras, esbozar una amplia y justificada sonrisa de rechazo y soberbia.

Pero no voy a andarme con aburridas proclamas en favor de la ficción; no voy a perder el tiempo en explicar obviedades que delimiten la fantasía en relación con su máximo antónimo, la realidad, porque sin duda eso está muy claro; cualquier ser minimamente razonable es capaz de hacerse el listo con este asunto. Pero el asunto es otro: no tiene nada que ver con distinguir la ficción de la realidad, es más, la primera está siendo tratada como delito, independientemente de su calidad de falso. Hablo, desde luego, del caso de la exhibición de la película A Serbian Film en la pasada edición del Festival de Sitges, que ha acabado en llamar a comparecer ante la justicia al actual director de este mítico festival costero.

Que nadie intente explicarle a un fiscal que la ficción es fantasía, porque, aunque no lo parezca, ya lo sabe. Devaluemos al fiscal, pues, antes que a la propia ley, una ley, por otro lado, naturalmente discutible.

Según el artículo 189.7 del Código Penal español, será penado con multa o prisión (de tres meses a un año) todo aquél que distribuya, produzca, venda o exhiba bajo cualquier concepto material pornográfico “en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada”.

Esto generaliza un hecho por el cual un altísimo porcentaje de películas, obras teatrales, cómics, música, videojuegos e incluso fiestas de carnaval serían prohibidos. Y no de corte erótico o pedófilo, que eso sólo lo ve el retorcido que se sienta atraído por este universo visionando imágenes de muerte y humillación (¿eh, señor juez de Donosti, señor fiscal de Barcelona, orgullosa gente de fe e intachable ética de la CONCAPA y el FAPMI ?), sino directamente terrorífico, violento, irónico o dramático, que es la cuestión tratada en A Serbian Film, no lo olvidemos, una película que no es para calentar pollas a nadie (aunque de poder, puede, claro, como puede un pedófilo pillar un calentón escandaloso contemplando cunas de bebé en el super, no te jode, aunque en la iglesia puede dedicarse a ser pederasta y no un simple voyeur reprimido. Es tradición, y no sé, es tan frecuente y preocupante que para mí que hay algún sistema legal encubierto que lo permite y todo) sino para todo lo contrario, remover conciencias y estómagos según los legales, sanos y seguros márgenes de esa necesidad tan vital que es dejar volar la imaginación, sean cuales sean los propósitos de fondo de la ficción esgrimida, en caso de haberlos, de no ser puramente artísticos, quiero decir).

El infante en la cultura, no intencionalmente erótica, digo, aunque para adultos, la ligada a la fantasía siniestra, al terror o al suspense, constituye un rol manifiestamente perturbador, por la inocencia y fragilidad del menor, pero nunca considerado delito hasta hoy. Podrá ser considerado de mal gusto (niños violados y torturados en off, por poner un ejemplo extremo, ligeramente entrevistos e incluso quizás directamente vistos, tras trucos visuales perfectamente legítimos y aprobados), pero nadie ha dicho que la naturaleza del cine de terror o lo que sea, violento, dramático o irónico, tenga que ser de buen gusto, porque vaya mierda de naturaleza más contradictoria, entonces. No sería lógico.

¿Ofensivo? Más ofensivo me resulta a mí ver ciertos peinados en la calle o en el metro, y me los tengo que tragar por cojones, porque asaltan mi espacio y campo de visión, a diferencia de una película, que decido ver o no ver, o, si nos ponemos serios, ofensivo es la inflación, ofensivo es la mentira y el robo indiscriminado en seno gubernamental, grandes culpables, en consecuencia, de males mucho mayores. Tan claro está también esto otro como decir que política y religión representan a la puta cuna del Mal mismo. Así pues, es escalofriante, para nuestro presente y nuestro futuro, que la denuncia impuesta al director del Festival de Sitges por “exhibir en público pornografía infantil” no tenga ningún fundamento, ninguna lógica.

En el cine, se puede jugar a fútbol con la cabeza de un niño después de cortársela con un serrucho oxidado; un niño puede asesinar de las formas más grotescas y perversas (y tenemos paradigmáticos ejemplos), sin embargo, no se le puede tocar una teta, ni insinuarsele, independientemente de la verdadera intención de la escena (que podría ser de condena ante el hecho mostrado) o el subtexto de la historia que la sustenta (nada, después de todo, que le cause el menor trauma al menor, nada que puede ser considerado criminal ni nada que no haya sido previamente consensuado con adultos, familiares y profesionales responsables).

Recuerdo una escena poderosamente chocante de la obra maestra de Chicho Ibañez Serrador, ¿Quién puede matar a un niño?, en la que unos niños juegan con el cadáver ensangrentado de una mujer inocente que acaban de asesinar salvajemente: le quitan la ropa, lo dejan en cueros y se burlan de él. O aquella otra de la obra maestra de Agustí Villaronga, Tras el cristal, en la que una especie de aprendiz adolescente de Gilles de Rais que abusa sexualmente de niños antes de cargárselos, usando métodos de inimaginable crueldad, manosea a un niño en calzoncillos, lo chupa y acaba hincándole un jeringuillazo cargado con gasolina en el corazón, escena que es mostrada con todo lujo de detalles. Dos grandes momentos de “porno infantil”, ¿eh, señor fiscal? Y españoles de pura cepa, de su país, coño, de al lado de su casa, incluso, ¡que aquí también sabemos hacer “porno infantil”, hombre, y del que le gusta a usted, con el que se hace pajas para luego sentirse culpable y pagar el pato con los demás! Digo yo, porque, si no, es usted un inepto redomado en su cargo. Y vamos, ¿en serio debo describir las numerosas escenas de abuso y depravación sexual contra menores de edad de Saló o los 120 días de Sodoma? No, no más. Qué aburrimiento. Joder.

Y otra, ya que estamos. ¿Incapaces, dice el Código Penal? ¿Podría referirse a personas disminuidas, verdad? A subnormales y eso, ¿no? Por ello, exhibir, distribuir o vender por aquí  What Is It?, el ya clásico de culto del insigne Crispin “Hellion” Glover, sería otro importante delito, según nuestra moderna santa inquisición, porque mucho me temo que ningún juez o fiscal supiera ver una alegre orgía de mongólicos organizada para que estos, sin preocuparse en discernir (o digerir) el críptico y delirante significado de la obra en la que participan, supieran divertirse (más allá de la condescendencia social que suelen padecer) en la inclasificable marcianada de Glover. No creo que las leyes entiendan jamás de justicia y moral si son el cinismo, el prejuicio y la ira los que las crean.

Y si el acto sexual figurado con niños o menores de edad, sin injertos explícitos de penetración ni la participación directa de un niño o un menor de edad reales, ni mucho menos, una intención erótica manifiesta, es considerado material pornográfico por la Fiscalía de Barcelona, entonces, el señor Fiscal encargado del caso deber de ser el tío más enfermo, retorcido y repulsivo de este país.

¡Basta de lacra y mafia legal, de joder nuestros más básicos derechos! A firmar, coño, que ya seremos unos 5.000.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.