sergio colmenar

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Tenebre (Dario Argento, 1982)

In Cine, Giallo, Gore on 2010/08/07 at 18:30

Llegados a este punto, decididos a hablar del giallo y la película de Argento que más me gusta discutir (en armonía y consciente de la retorcida polisemia del debate) y analizar, esto empieza a cobrar ligeros matices de diario personal.

Hace muchos años, Tenebre me descubrió a Argento, pero no me causó ningún estímulo memorable más allá del ruido, la furia y la sangre. Desde luego, me estaba engañando, porque, sería joven, un crío, pero no tan tonto como para tolerar centenares de slashers y exploits italianos de zombis y ningunear la que hoy es una de mis películas favoritas y que considero la muerte feliz del giallo a modo de largo desenlace, de extracto último de las constantes de un género que resucita este de sus cenizas literarias para darle toque de queda en su traslación al cine. El epílogo perfecto de una historia, de una tradición y unos valores estéticos y conceptuales que aún no son bien vistos por todos, que sabe cómo devolverse la mirada cuando se ve reflejado a sí mismo. Tanto es así que, tras alquilar Tenebre en un videoclub y verla por primera vez, la devolví con despecho, como devolviendo otro churro de tantos, teniendo que volver a alquilarla de nuevo porque aquella película que yo, ingenuo de mí, creía tan desmañada, barata y absurda del todo, crecía en el recuerdo, ¿mejoraba?

Vista por segunda vez, con el convencimiento de que en ella había algo singular que se me escapaba, entendí que no sólo me había equivocada al juzgarla, sino que en realidad se trataba de un delirio inteligentemente orquestado que rompía con la convenciones del thriller anglosajón a golpe de artificio y mala idea, sin que importara que su resolución fuera más o menos coherente con sus propias reglas, con las que, por cierto, juega a traicionarlas continuamente. Entendí que Tenebre era la anarquía de un concepto estrictamente europeo y dependiente del estilo, el giallo, aquí, como nunca, brillando con luz propia . Así pues, me costó mucho volver a devolverla, y como se negaron a vendérmela, la robé (volví a alquilarla para no devolverla jamás, incluso volví al videoclub para robar su estuche con su correspondiente carátula).

Desde entonces, he visto Tenebre más de veinte veces, y no dejo de encontrarme con una película cada vez mejor, que arremete con una trama de dobles, triples y hasta cuádruples (sin) sentidos, llevando al espectador por una maraña de falsas pistas que únicamente pierde el norte en su resolución, que pretende mirar en demasiadas direcciones a la vez, pero esto es, precisamente, uno de sus principales atractivos (como en cualquier buen giallo que se precie, la inverosimilitud, incluso el absurdo, son la compleja -ojo- materia prima del suspense y la engañifa, cosa que Hitchcock, sin ir más lejos y totalmente alejado del giallo, cultivó en toda su obra): Peter Neal (inolvidable Anthony Franciosa), el protagonista, novelista de éxito cuyo último libro está inspirando una cadena de asesinatos cometidos en Roma, es, a su vez, héroe, víctima y asesino, pero ello no descarta la posibilidad de un segundo asesino y, por qué no, pensaría Argento, un tercero esquizofrénico en el cuerpo del primero, esto es, uno que actúa aprovechando la coyuntura del primer asesino en la película (un admirador perturbado y radical de la obra del escritor), cometiendo crímenes pasionales, y el otro, debido a un trauma infantil relacionado con un homicidio que resulta tan poco creíble como plausible cinematográficamente.

Argento te lleva a donde quiere que vayas en este magistral embuste que ha servido de modelo indispensable a gente como Kevin Williamson (para la confección de Scream y Scream 2), Brian de Palma (copió uno de sus trucos visuales más sorprendentes y estilizados en dos ocasiones, en Raising Cain y Femme Fatale, concretamente, el de Peter Neal oculto justo detrás del detective que intenta atraparlo en un plano medio frontal) y Wes Craven (basándose en la influencia de Argento en Williamson o no, copió la muerte de la lesbiana a la que le rajan el cuello y acaba atravesando los cristales de una ventana, quedando finalmente boca abajo, en Scream 3).

Pero Tenebre no sólo logra la distinción en un guión demencial perfectamente armado, es de cajón que lo abigarrado del estilo visual de Argento es con mucho el factor más tenido en cuenta en la obra del director de Suspiria, y Tenebre, aunque como película construida en base a elementos de estilo no está tan trabajada como Profondo Rosso, Inferno o la citada Suspiria (sin duda, el Argento más inspirado), ni lo pretende tampoco, hace del barroquismo arquitectónico de gran parte de la obra de Argento un sin fin de recursos narrativos desconcertantes (el sueño recurrente del protagonista, que en principio no sabemos si se trata de un sueño, un flashback o de un inserto de otra película), trepidantes e ingeniosamente organizados que incluyen toda una suerte de asesinatos brutales absolutamente brillantes y filmados en espacios donde resalta el blanco o los colores vivos para que estén lo más iluminados posible, y de los que cabe destacar aquél tan largo y angustioso donde tienen que ver un perro enorme, una adolescente, una casa adosada y, claro, alguien con guantes negros y un hacha, maravillosa escena con animal-vivo-suelto-por-ahí que estoy seguro que costó más de filmar que cualquiera de las que más tarde filmaría James Cameron enfrentando a Linda Hamilton con una máquina generada por stop-motion en The Terminator; el de las dos lesbianas, que incluye el famoso e interminable travelling sin razón de ser alguno; el del hachazo en la cabeza que recibe el primer asesino y el de la exmujer del escritor, también asesinada a hachazos y en el que, según criterio propio, podemos ver la mejor amputación de brazo de la historia del cine, por encima de la de Cat People o cualquier otra que se nos ocurra.

Finalmente, prevalecen el talento y el genio drástico y sin ataduras morales o formales de Argento. Tenebre es, como decíamos, un epilogo perfecto del giallo, la prueba, madura y experta, de que el giallo no necesitaba la lógica más que anexionarse con una plasticidad que debía permitirse ser tan irracional, cruel y artística como las propias mentes psicóticas que poblaban de asesinatos hermosos los senderos de este género ya muerto.

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