Sencillamente, David Brent, de la original The Office, reencarnado en el gigante (ejem) Warwick Davis. El genial personaje de Ricky Gervais y Stephen Merchant encuentra en su nuevo sustituto un reto auténtico, dejar de ser un pobre patán con delirios de grandeza a cargo de una pequeña compañía papelera para convertirse en el prota de Willow y la saga de Leprechaun y pillar, otra vez, el formato del mockumentary tan de moda y reventarlo aún con más ruido, ingenio y mala idea, pues ahora el humor de Gervais y Merchant (al que ahora se le une el de Davis, al parecer, otro genial humorista), siempre grotesco, incómodo y ofensivo (al menos en la BBC), se ceba contra la acondroplasia para horror de esos defensores de ésta que no se explican por qué los prejuicios pueden tomarse a risa y dan para chistes tan buenos y tan cabrones a la vez. Gervais, Merchant y Davis, como no tantos otros que algunos desearíamos, lo tienen claro, o nos reímos de todo o no nos reímos de nada.
Así, el enanismo, y a través de la (muy fingida, pienso) egocéntrica mirada del, sí, enano, que directamente aún no lo había dicho, Warwick Davis, vuelve aquí a ser un chiste que celebra la simbología y el hecho literal de la bufonada, el duendecillo mágico, el circo y la más hiriente ironía o desprecio directo volcados en las personas bajitas, para lo que muchos será un expolio fácil y provocativo, cuando se trata, además de, simple y brutalmente, humor en crudo, de una agudísima terapia para el enano que repara que reírse de sí mismo es el mejor antídoto contra la hostilidad y el prejuicio, aunque no sirva, porque para empezar no lo pretende ni creo que se pueda lograr tal cosa con una serie de TV de humor o la raza humana todavía existiendo, para revocar la estigmatización al considerado diferente o incapaz.
Life’s Too Sort es ya, con su primera temporada, una puta obra maestra que hasta se chotea de sí misma como creación colaborativa del marciano trío (diría yo que las negociaciones entre Gervais, Merchant y Davis para llevar a buen puerto la serie quedan aquí, en la ficción, ligeramente caricaturizadas). No me había reído tanto con una serie de TV desde, joder, la original The Office.


