sergio colmenar

Bareavement (Stevan Mena, 2010)

In Cine, Gore, Suspense, Terror on 2011/09/30 at 2:27

Cartel censurado en EE.UU.

Resulta casi inconcebible que alguien, a estas alturas, entabladísima la ley de oferta y demanda en las pelis de sustos desde los 80, proponga un slasher a la inversa, o sea, un anticlímax constante con lo que habitualmente se espera de este subgénero, pero si La noche de Halloween ya lo era, extraño referente para el terror comercial con psicópata, del que el cañonazo de estilo de Carpenter nunca pretendió ser precursor directo (vamos, que poco tiene de Viernes 13, su más célebre imitación, encima), ¿por qué no jugársela y darle caña a un terreno tan poco abonado, ir, por decisión personal, sin la presión de grandes estudios, contracorriente? Pero no con el mangoneo postmoderno de Scream: Vigila quién llama, sino tirando por lo clásico, el poco ruido, la narrativa tradicional y el mismo y único rasero efectista, increíble y ridículo de un slasher del montón, con la salvedad de no escudarse en la ironía para fines ajenos a la historia.

Stevan Mena, que es lo que yo llamo un Juan palomo con pelotas (se pule la música y el montaje, además de la dirección, el guión y la producción, de sus pelis él solito), lo hace con Bereavement, precuela de una de las sorpresas del terror independiente de 2004, Malevolence, que daba lo justo con nada, y eso, joder, es muy, muy difícil. Es más, Mena está loco, o eso me parece a mí, y los directores locos tienen un voto de confianza extra: para relatar el origen del prototípico asesino mudo y enmascarao de Malevolence, ¿qué hace el notas?, le da al tabú, crea a un asesino fundamentalista y muy zumbao de mujeres “sin sentimientos ni miedo, pero que sin embargo quieren huir cuando se las lastima” que rinde culto a la calavera de un buey y secuestra a un niño con una extraña enfermedad (CIPA) para educarlo él mismo e inculcarle sus valores.

A Mena, amenizar esta chaladura con estridencias, humor y golpes de efecto súper guays, no le interesaba. Dejar el legado de un asesino patético a un niño que no siente dolo físico aunque le saques un ojo y se lo metas por la uretra es algo que Mena cuenta con aplomo e incómoda calma, quizá con demasiados minutos y algunos personajes poco relevantes, pero midiendo los pasos en los momentos que realmente importan, como las distintas torturas físicas y emocionales a las que el niño es sometido, obligado a ver los crímenes de su secuestrador, cortado con un cuchillón y encerrado en jaulas subterráneas, o ese finalazo, ultrasangriento, delirante y cruel. Un rollo chungo, inusual, cojonudo y barato de hacer nada recomendado a descerebraos que se quedaron en la primera lectura de aquél viejo número de Fangoria que les compró su abuela cuando tenían 12 años.

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